La pequeña ciudad de Peñiscola, puede pasar con justicia por una de las mas bonitas de la Comunidad Valenciana.

Peñiscola con sus casas blancas, sin otro remate, que una simple azotea, se apiñan en un limitado espacio estratégico que, con esta posición atrevida y singular, permite el encuentro visible de la naturaleza con la civilización. Este último hecho distingue desde la antigüedad la silueta de la ciudad, justamente orgullosa de una historia a la que han contribuido distintos estados e intereses.

Si en otro tiempo el castillo y su palacio se levantaron por iniciativa de los poderes inmediatos de la comarca y de la corona catalano-aragonesa, cuya presencia sigue viva, en un estado de latencia que solo la lengua permite adivinar, las murallas que protegen la ciudad se deben tal y como hoy las contemplamos, a los interes más lejanos de la monarquía de Felipe II. Hoy la historia de Peñiscola escribe un capítulo nuevo; el descubrimiento de la simple belleza natural de este lugar, el encanto con que sus gentes han sabido perpetuar y continuar durante siglos la obra y el modo de vida de sus antecesores.

Peñiscola sobre una pequeña península rocosa
Peñiscola sobre una pequeña península rocosa

Algunos rasgos particulares de Peñiscola

Asentada sobre una pequeña península rocosa, la población de Peñiscola ha sido, por su misma configuración, por la belleza natural del paisaje y por su condición estratégica, un punto de interés permanente desde la antigüedad más remota. Toda actividad, los momentos difíciles y las horas gloriosas de su historia se deben, ante todo y en primer lugar, a las características geográfica, y especialmente, a la singular fortaleza natural que la configuración rocosa sugiere.

Si los testimonios más antiguos que conocemos se refieren a los inicios de la dominación árabe de la comarca, a principios del siglo VIII, y nos remonta a la “Baniscula árabe”, ‘poblada fortaleza en la costa marítimas’, no será desacertado suponer que esa tradición de núcleo fortificado sea considerablemente anterior. En efecto, 4 siglos antes, en el IV d. C., el geografo y poeta latino Avieno se refiere con toda seguridad a Peñiscola cuando en su “Ora marítima”, descripción de las costas mediterráneas, cita el nombre con que los griegos habían conocido nuestro promontorio rocoso, ‘Cherroneso’.

Importancia de la colonia griega aquí establecida
Importancia de la colonia griega aquí establecida

Quizás por un simple afán de clasicismo, quizás por la importancia de la colonia griega aquí establecida, Avieno no la designo con el nombre que los romanos le dieron, el más descriptivo y simple: ‘Península’, de donde derivó el árabe ya visto, ‘Baniscula’, y el actual ‘Peñiscola’. Este último ha permitido de una forma castellanizada, Peñiscola, que solo justificaría la analogía con “peña”.

La roca ya fue conocida y apreciada por sus condiciones físicas por la civilización griega y sirvió también como marcó a las pugnas sostenidas contra los cartagineses por griegos y romanos. Sometida mas adelante a la dominación árabe, esta civilización reconoció igualmente sus condiciones, hasta el punto de ser descrito el lugar como el primero de los fuertes con que el invasor contó para la dominación de al-Andalus. La importante conquista mora no dejaba de suscitar el temor constante de los soberanos de territorios próximos.

Peñiscola y sus habitantes realizaban incursiones
Peñiscola y sus habitantes realizaban incursiones

Bajo Ramón Berenguer III, la corona catalano-aragonesa llegó en su reconquista hasta las puertas de Valencia. Inexpugnable aún y bajo la media luna. Peñiscola y sus habitantes realizaban por entonces continuas incursiones, pillajes marítimos y terrestres, contra la corona catalano-aragonesa, acciones que caracterizan todo el siglo XII y los comienzos del XIII.

En 1233, sin embargo, Peñiscola, como otros núcleos de resistencia musulmana, se entrega sin oposición a Jaime I de la corona catalano-aragonesa. Con la conquista Jaime I concede la carta de población y el lugar queda adscrito al fuero de Valencia, de la misma corona.

Diversa vicisitudes militares y civiles determinan el abandono de la roca por los árabes y la repoblación cristiana del lugar en 1249, hasta que en 1415 la orden militar de Montesa, entonces titular del pueblo y su fortificación, ante la situación provocada por el Cisma de Occidente, ofrece a Benedictino XIII la iglesia, la población y el castillo de Peñiscola.

La ciudad de Peñiscola se encuentra amurallada
La ciudad de Peñiscola se encuentra amurallada

La ciudad vieja y el recinto amurallado

La ciudad de Peñiscola se encuentra totalmente amurallada, a excepción de sus nuevos barrios y hoteles, situados en las afueras. La impresión que produce su contemplación exterior puede conducir erróneamente a confundir los términos, sin distinguir el Castillo, del recinto que lo acoge. Junto a la fortaleza, situada en el punto más elevado del promontorio, se extienden las calles y plazas, las casa y la iglesia de una población creada sobre el bastión y junto a la fortificación militar.

Todo gira entorno del Castillo y orientado hacia el. Las nuevas construcciones, exteriores a la muralla, constituyen el ensanche de la ciudad, lo que no permite sin embargo hablar de dos Peñiscolas. La ciudad histórica, limitada a una extensión reducida, flanqueada de murallas por todas partes, excepto sobre el acantilado, verdadera muralla natural, adaptó sus calles y construcciones a la desigual orografia de la roca. Son obligadas pues, las cuestas, que son salvadas por rampas y escaleras.

Permite sin embargo hablar de dos Peñiscolas
Permite sin embargo hablar de dos Peñiscolas

Las calles y las casas se caracterizan por ese blanco tan intenso de la construcción tradicional y popular de las orillas mediterráneas. La sencillez y el buen gusto, libre de innecesarias fantasías, predominan en todo el conjunto urbano. Habría tal vez, que hacer una excepción para referirse a la original y caprichosa “Casa de les Petxines”. Como muestra de esa particular discreción del buen gusto popular pueden observarse las simplisimas cotinas de trama de Red que resguardan de la luz y del movimiento de la calle, tanto en puertas como en balcones y ventanas.


Para acceder al interior del recinto hay que pasar forzosamente algunos de los portales practicados en la muralla. Los pórticos principales pertenecen a distintas épocas. El principal es el “Portal Fosc”, también conocido con el nombre del emperador Felipe II, bajo cuyo reinado, y según proyecto del ingeniero militar Battista Antonelli, se construyo el lienzo de muralla en que se encuentra; también se mejoró y reformó entonces la mayoría de los restantes, junto con las baterías.

Portal del papa Luna en Peñiscola
Portal del papa Luna en Peñiscola

Esta entrada conduce a un espacio abovedado desde el cual se pasa ya al interior de la población. Desde el punto de vista monumental hay que situarlo en primer lugar y como el más importante. Cronológicamente posterior a este primer portal, se nos ofrece “La Puerta de Santa Maria”, de mediados del siglo XVIII, a la cual suceden inmediatamente las primeras casas. La entrada pertenece al baluarte del mismo nombre y se llega a ella gracias a una rampa doble adosada a la muralla, verdadero acceso a una fortificación.

En tercer lugar debe hablarse del “Portal de Sant Pere”, también llamado del “Papa Luna”, que lo hizo construir. Privado de sus antiguas puertas, el más viejo de los actuales accesos al recinto presenta un arco notablemente rebajado sobre cuya clave aparecen las armas de Benedictino XIII. Afirma la tradición que este paso servía también como acceso naval. Cierta o no esta leyenda, la construcción del pequeño puerto, relativamente reciente de 1922, ha transformado lo que habia sido varadero de barcas, contiguo a la muralla.

Varadero de barcas contiguo a la muralla
Varadero de barcas contiguo a la muralla

En el exterior, también con el nombre del Papa Luna, se encuentra la escalera que conduce directamente al mar y que en diversas ocasiones fue la única salida libre frente al asedio terrestre. Una característica, especialmente notable en una “casi isla”, que distingue a Peñiscola es la abundancia de agua dulce que aflora en la roca, verdadero prodigio natural. Del manantial que brota bajo la batería de Santa Ana se alimentan dos fuentes, “Font de dins y Font de fora”, a uno y otro lado del lienzo de muralla.

De estas mismas aguas se abastece actualmente la población de Peñiscola. A estas hay que añadir la “Font de Sant Pere”, próxima al antiguo varadero, del que se servían los pescadores y marineros. Los numerosos sitios a que el recinto fue sometido a lo largo de los siglos pudieron ser resistidos gracias a este don que no conoce años de sequia.

Sequia Font de Sant Pere a Peñiscola
Sequia Font de Sant Pere a Peñiscola

Estas aguas, provienen sin duda de las montañas cercanas y quizás hasta del mismo Pirineo, brotan también en la costa próxima, dentro del mar, donde producen zonas y manchas perceptibles con mar llana. También el Bufador constituye otro de los elementos peculiares de la roca. La perforación producida por el mar en la mole rocosa permite en días de temporal la emergencia de un verdadero e impresionante surtidor natural de agua salada.

La ciudad que recibió tal título de Felipe V por el apoyo prestado a su causa en la Guerra de Sucesión, perdió su condición de plaza fuerte en el último decenio del siglo pasado. La disposición de sus calles y plazas no ha cambiado por ello y, como se ha dicho, la configuración urbana se amolda armoniosamente a la roca, bajo la presidencia inequívoca del Castillo.

Origen de la formación urbana  de Peñiscola
Origen de la formación urbana de Peñiscola

El Castillo y el Papa Luna

El Castillo, verdadero origen de la formación urbana de Peñiscola, fue construido por las ordenes militares del Temple y de Montesa y, finalmente por Benedicto XIII sobre los restos de la fortaleza árabe. La parte principal de la obra es de los decenios último y primero de los siglos XIII y XIV, ya demolida la construcción anterior.

Bajo la torre llamada del Papa Luna, la bóveda del cuerpo de guardias lleva al establo, de cañón levemente apuntado, modelo presente en todo el Castillo y acorde con el gótico catalano-aragones que alcanza desde Perpiñan, en el Rosellon, hasta Valencia y Mallorca. El patio de armas, que centra las edificaciones, permite el acceso a las dependencias principales. Entre estas destacan las piezas del palacio papal, enfrentadas a la iglesia, sobria y sencilla, también caracterizada por una bóveda apenas apuntada.

Benedicto XIII una notable biblioteca
Benedicto XIII una notable biblioteca

El mismo estilo, más severo si es posible, impera en el pequeño estudio papal, ordenado solo con las armas pontificios sobre el acceso exterior. En el formó Benedicto XIII una notable biblioteca, ampliando la que como cardenal poseía en Aviñon, con obras teológicas, biblias, jurídicas e incluso referidas a las artes. Tras la venta realizada por su sucesor, Clemente VIII, la mayoría de los libros pasaron a las bibliotecas Vaticana, del Colgio de Foix y Nacional de París.

El Castillo y su indiscutible valor nos enfrentan, pues, a la figura controvertida de “Pero Martines de Luna”, el aragonés Benedicto XIII, papa entre 1394 y 1417 y antipapa hasta la muerte en 1423, época, esta última que dio celebridad a Peñiscola. Nacido en Illueca, de familia noble, entre el segundo y el tercer decenio del siglo XIV y tras la carrera militar estudio leyes en la universidad de Montpellier. Especializado en derecho canónigo, propugna siempre la absoluta soberanía papal sobre los concilios.

El papa luna dio celebridad a Peñiscola
El papa luna dio celebridad a Peñiscola

Ya en esta época se le reconocia una particular habilidad, flexible, diplomática, sagaz, para la negociación, por lo que fue nombrado cardenal en 1415, por Gregorio XI en Aviñon. Como tal participó en las elecciones de Urbano VI en 1378 en Roma y en las de Clemente VII. Comisionado por este, busco la adhesión a Aviñon ante las coronas de Portugal, Navarra, la Catalano-aragonesa y Castilla, unica que la concedió. Muerto Clemente VII, el cónclave le elige por unanimidad como papa. Para la coronación, siendo únicamente diácono, tuvo que ser ordenado sacerdote y obispo.

La flexibilidad demostrada hasta entonces se transformó ya en firmeza rigurosa, actitud que comenzó a promover problemas con el rey de Francia, hasta el punto que la sede de Aviñon fue asediada en 1398 y solo cinco cardenales permanecían fieles al pontífice. Cinco años más tarde, en peor situación y disfrazado de cartujo, el Papa Luna huye de Aviñon bajo la protección del rey catalano-aragones, acción que le devolvió la fidelidad de algunos desertores de su causa.

Instalado  en la misma Provenza
Instalado en la misma Provenza

Instalado en la misma Provenza, pasa a Roma y celebra tras ese viaje un concilio en Perpiñan. Infructuosos estos pasos, abandonado de Francia pero con el amparo de Martin I de la corona catalano-aragonesa, se instala en Barcelona desde donde busca el reconocimiento de cada una de las coronas hispánicas. Muerto su rey protector y enemistad con el más sólido pretendiente a la corona vacante, Benedicto XIII determina con su intervención la entrada en Cataluña y Aragon del pretendien castellano, solución que le ofrecia mayores garantías.

En 1415 convoca un nuevo concilio en Perpiñan, en que se niega a abdicar la tiara. Ante este resultado y con la negativa de obediencia pronunciada por el rey catalano-aragones, el Papa Luna embarca, via Cotlliure, hacia Peñiscola, Plaza que le es ofrecida por la orden de Montesa, titular del lugar. Ya en Peñiscola, el concilio de Constanza le depondra en 1417 por consumación, herejía y colaboración al cisma.

Benedicto XIII se mantuvo  intransigentemente
Benedicto XIII se mantuvo intransigentemente

En el periodo pasado en nuestra roca, Benedicto XIII se mantuvo intransigentemente firme en su legitimidad, tanto antes como después de su no aceptada deposición, y llegó por ello a ser envenenado en 1418. El anatema de cada año proferia sobre su antiguo favorecido el rey catalano-aragones es una prueba de la porfía que guio el singular pontificado, fruto de una fuerte personalidad cuyo norte es objeto de controversia, pero que siempre, desde una grave religiosidad, pretendió atraer el favor hacia su propia causa.

Su figura, ya legendaria, campea sobre Peñiscola y su presencia en los muros empalidece el resto de la historia de estas piedras.

Peñiscola ha llevado a mas de un autor a ver la roca
Peñiscola ha llevado a mas de un autor a ver la roca

Una ciudad en el mar

La condición de península de Peñiscola a llevado a mas de un autor a ver en la roca y en sus hombres y mujeres muchas de las circunstancias que se dan en una situación insular. Realmente considerando el enorme paso de la historia, es forzoso convenir en lo acertado de esta proposición. Construido recientemente el puerto y consolidada la configuración del estrecho istmo que une la roca a la tierra, la anterior situación del recinto determinaba un distinto desenvolvimiento en la vida de los peñiscolanos.

La vida cotidiana que ha visto discurrir sobre si toda clase de vicisitudes se orientaba, hacia dos actividades fundamentales: la agricultura y el mar. Si la primera resulta claramente indispensable para la subsistencia, la segunda es obligada en una situación en que no era extraño el total aislamiento de la población, separada literalmente de tierra por los embates del mar.

Peñiscola mantuvo una importante vocación marinera
Peñiscola mantuvo una importante vocación marinera

Como puede apreciar cualquier espíritu observador nos encontramos ante un hecho de consecuencias dobles, la dedicación a la riqueza marítima y la adaptación social a este medio, que sin dar la espalda a tierra se vio siempre rodeada por las aguas. Hasta hace pocos años, Peñiscola mantuvo una importante vocación marinera amparada en el abrigo natural ofrecido por la roca. Un importante número de embarcaciones y de marineros continúan en esta dedicación, especialmente orientada al trasmallo y al palangre.

Las antiguas estampas nos devuelven a las siluetas clásicas de la vela que tanto embellecieron nuestras costas. La actividad pesquera se dirige a las costas cercanas, con una marcada preferencia por el archipiélago de las “Columbretes”.

El cabo de Oropesa en Peñiscola
El cabo de Oropesa en Peñiscola

Esta minúscula formación insular, cercana al cabo de Oropesa, ha ofrecido tradicionalmente una gran riqueza pesquera, con un predominio de la sadina, debida sin duda, a la afloracion cercana, en aguas profundas, próximas a estos islotes volcánicos y cuyo nombre hace referencia a los reptiles que la pueblan (colobra=culebra, aunque esta especie no se da actualmente).

La actividad marinera lleva a su vez las imágenes clásicas que se suceden a la llegada de las embarcaciones. La subasta y venta posterior ofrecen siempre el maravilloso color de la transacción directa y viva. Además de la sardina, las aguas próximas ofrecen ejemplares de lubina, mero, dorada y algunas variedades deliciosas de marisco, como los langostinos, los dátiles de mar y las cigalas, junto a los cuales no falta el pulpo, elementos caracteristicos de la gastronomía popular, que se produce en esta costa.

Al color y aroma de la pesca se une en tierra
Al color y aroma de la pesca se une en tierra

Al color y aroma de la pesca se une en tierra la labor paciente y ancestral de la mujer, en cuyas manos queda el mantenimiento de las redes, arte tan antiguo como el de la pesa y que confiere al muelle y a las calles contiguas el valor de una tradición viva, sabia y necesaria.

Hoy el puerto de Peñiscola se honra también acogiendo un número cada vez mayor de embarcaciones deportivas y de turismo. Hagamos también mención de los cruceros que con origen y destino en el puerto de Peñiscola, permiten disfrutar desde el mar de las bellas perspectivas que ofrece Peñiscola y sus alrededores vistos con una nueva dimensión.

El carácter marinero de la roca y de la ciudad
El carácter marinero de la roca y de la ciudad

Si bien el crecimiento de Peñiscola puede orientar el trabajo de los hombres hacia unas posibilidades que cada día parecen aumentar, el carácter marinero de la roca y de la ciudad no podrán quedar nunca en segundo término….

Por Edelweiss

Edelweiss te cuenta las crónicas de sociedad y sus diferentes movimientos y comportamiento social

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies